Mostrando entradas con la etiqueta 2013. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 2013. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de octubre de 2017

Sus pensamientos. Por Vanina Montes


Sus pensamientos re aparecen cuando sale de tomarse un largo baño de agua extremadamente caliente. Tiene la cara con manchas rojizas, el agua le hizo daño nuevamente.  Observa con extrema atención el sillón que le obstruye el paso del baño a la habitación, tiene mucha energía puesta en mirarlo. Necesita descansar, se dice, eso es lo que necesita. Se desploma casi contenta en el sillón. Trata de que su piel haga un contacto placentero con ese mágico lugar de comfort. Piensa, debería tener una latita de algo fresco, podría tomar una de la heladera... algo frutal, algo... delicioso. Ella quiere ver la televisión, quiere despejarse. Trata de hacerlo,  -me voy  a tomar una latita rica y mirar algo interesante mientras me relajo, el televisor está en el mismo canal hace tres días. El control estaba roto, o no andaba muy bien remoto, está en algún lugar, no sabe mucho más de él.. -Voy a mirar ese ciclo de cortometrajes belgas, hoy es el día, piensa. Mientras tanto trata de recordar en qué canal lo pasaban y observa la tv y deja que se exprese sola mientras se recuesta aparentemente cómoda y se estira. El sillón es finito, ella piensa qué sillón tan finito, si durmiera aquí seguro me caería, me caería y me golpearía. No puede concentrarse en otra cosa ahora. -Además es alto, si me caigo me golpeo, ese el problema. Cotinúa recostada, sus músculos están algo tensos.  -Voy a despedazar ese sillón que pareciera ser de otra casa. Piensa. -Es espeluznante la idea de que esta trozo de algo inmensamente feo haya formado parte de mi hogar. Anastasia entiende que es un sillón, no es algo amenazante, simplemente... simplemente...
Busca entre sus cosas un papelito amarillo, pero sólo halla monedas. Las monedas le dejan las yemas de los dedos salpicadas de cosas indescifrables y minúsculas, migas, polvo, sustancias pegajosas. Pero ella no se pregunta qué va quedando en su piel durante la búsqueda de aquel papel. Simplemente se frota los dedos de una manera dinámica y casi imperceptible para ella. 
-Dónde está, seguro alguien lo encontró y lo tiró, sin preguntarme. 
Cuando Anastasia quiere llamar a alguien que debería haber llamado hace tiempo y no encuentra su número una sensación intensa de culpa se apodera de ella. La sensación de un repetitivo error de dejar pasar el momento. De un momento a otro decide sentarse en su escritorio, enciende un cigarrillo, alcanza con dificultad su esmalte de uñas que está asomándose en su cartera, simplemente asomándose, fácil de ubicar. Con el cigarrillo encendido en su boca marca con una mano un número en el teléfono mientras que la otra abre admirablemente sola el esmalte. 
-Hola Anabella, soy Anastasia, sabía que no estarías en casa, quiero contarte de un sillón. Tengo un sillón en casa, lo tengo casi sin uso, porque como no estoy nunca... como no estoy nunca… Bueno en fin, no importa, el caso es que podría quedar muy bien en tu departamento. Me imagino, sólo es una suposición. No me gusta deshacerme de las cosas sin encontrarles un hogar nuevo y seguro. Es un sillón muy querido, como quien tiene un gato. O como quien tiene un ser amado. Llegó la hora de darlo, a alguien que pueda disfrutar de él. Si querés pasar a verlo mañana en la oficina te doy mi dirección, o venimos juntas en algún momento libre. Espero estés muy bien. Soy Anastasia, perdón, no sé si te dije, te llamo después. O te veo mañana. Hasta luego. 
Corta el teléfono y se imagina la casa de Anabella, su joven secretaria. Ya se la había imaginado antes, pero ahora ubica el sillón dentro de esta. Es perfecto, piensa. Podría haber pensado en Ernesto y Javier, la joven pareja de contadores que trabaja en la oficina de al lado de su estudio. Pero presiente que Anabella estaría agradecida de este ofrecimiento aparentemente generoso. Más agradecida que ellos, piensa. Ellos tienen suerte, tienen a alguien. Son Ernesto y Javier, Ernesto tiene  a Javier y Javier tiene a Ernesto, pueden dormir en un colchón roído, en el suelo, mirando películas que ya vieron en un canal de aire a la una de la mañana que nada los detiene. No necesitan visualizar un mobiliario armónico, pueden convivir con trastos, con incoherencias estéticas. Sus atuendos lo demuestran. 
Anatasia se prometió no nombrar la palabra felicidad. Recuerda esta autopromesa y no sabiendo qué hacer ante ella se queda sentada en el extremo del sillón con el esmalte de uñas semi abierto y su boca cerrada. Sin bebida ni otros entretenimientos. Y en su quietud, trata de dejar de pensar en las casas de los demás. 

Vanina Montes
Actriz. 
mail: vanimontes@hotmail.com

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Domingo Cavallo le habla a su madre, de Nacho Ciatti


(DOMINGO CAVALLO está de espaldas a público, viste un traje de clase y lleva unos gruesos auriculares en su cabeza. Suena una música ¨Tell me why¨ de Neil young. DOMINGO acompaña la melodía con algún que otro gesto perdido y cierto ritmo. Es algo parecido a un baile introspectivo. Se quita los auriculares y la música se detiene. Mira a la gente por un momento y muy tranquilamente se dirige a tomar un vaso con agua. Luego de un tiempo se da vuelta.)

¿Quién soy yo en esta fiesta de desiguales? Era negra la noche y todos se alejaban. Todos y cada uno se sentían solos y necesitaban algo, un rumbo, una panacea, un alguien que pusiera el cuerpo en la tormenta. Y ese alguien iba a ser yo. Desde que abrí los ojos supe que yo era el elegido. No te digo, madre, todo esto para que me recuerdes como alguien grande. No, madre, yo no quiero ser gigante. Solo quiero la mirada sensible de todos aquellos que me deben la felicidad. Porque yo di felicidad, la impartí, a costa de mi martirio la impartí, de mi señalamiento y de mi impunidad. Y qué pueden saber ellos de impunidad. La gente no sabe nada de todo eso. Ni se imaginan. Poder llevar a cabo cuanta cosa sea y no ser juzgado, observado o desafiado... Eso lleva a la muerte. Y yo no morí. Yo seguí adelante. Se me cayó un poco el pelo en el trajín y los ojos se me inflaron como pelotas. Pero seguí adelante y aprendí, y lo que aprendí se lo enseñé a mis hijos, con mis propias manos y mi propia mente se los di. La gente no sabe nada de mi oscuridad y mi presencia. Te estoy entorpeciendo la muerte, Madre. Disculpá. Sabé entender. Todo lo que sucedió en estos últimos años me atrae a la locura, una y otra vez. Y me cuesta dejar de pensarlo....
¿Te acordás lo que te gustaba Orlando, mamá? ¿Cuántas veces fuiste al Epcot Center? ¿Diez? ¿Once? Claro que te acordás, cómo no te vas a acordar. El EPCOT CENTER. Ese prototipo experimental de Ciudad del Futuro que terminó siendo un simple parque de diversiones. Sí, mamá, si, simple pero maravilloso. (Sonríe) Sos linda aún rompiéndote como lo estás haciendo... Te encantaba repetir la historia de que Walt Disney había imaginado un lugar modelo, una ciudad del futuro en donde se erigiría la comunidad del mañana, con trolebuses yendo de un lugar a otro y todo el tránsito de autos bajo tierra, para que el peatón pudiera disfrutar libremente de sus piernas por toda la superficie. Ese lugar que el mismísimo Ray Bradbury ayudó a diseñar. Parecías una niña en aquellos años. Creo que todos recuperamos un poco de juventud en esos días. ¿Qué decis, mamá? ¿Qué niño no soñaba con conocer las grandezas de la mente de Walt Disney? ¿Eh? No se te escucha. Tenés que hablar más alto mamá, más todavía en la muerte. Permitime oir algo más de música. (Se vuelve a colgar los auriculares por un tiempo y la música continúa desde donde se detuvo. DOMINGO arma una pose. Nuevamente se quita los auriculares y la música se detiene.)
Ah, mamá, hay algo antes de que te mueras del todo que todavía tengo por decirte. El incendio de la fábrica fue culpa mía, culpa mía y de Jorge. Jorge tu hijo mamá, mi hermano. Voy a tomar un sorbo de agua para poder decírtelo una sola vez y de corrido. (Toma agua) Con Jorge solíamos correr por los pasillos vacíos de la fábrica. Cuando la noche caía y ya todos se habían cansado de hacer escobas, de trabajar la bendita madera, Jorge y yo corríamos. Un día cruzamos la línea. Jorge empezó todo. Tu hijo mamá, mi hermano, te acabo de explicar. Se había quedado con una de las cajas de fósforos que usaba papá. La sigo teniendo conmigo. Mirá. (Saca y muestra la caja de fósforos antigua. Hace un poco de ruido con ella y la lanza contra algun sitio.) Me hizo seguirlo y apilamos una a una todas las escobas del depósito en la oficina de adelante, donde estaba la Philco. Claro que la pila fue completamente anárquica porque las escobas se caían, se resbalaban. Las escobas no son fáciles de apilar. La cuestión es que las apilamos y me hizo tapar los ojos. Me lo pidió y yo lo hice. Era mi hermano y se suponía que debíamos ser solidarios. Un olor me los hizo abrir. Y ya era demasiado tarde. La fábrica toda empezó a prenderse fuego. La cara de Jorge y mi sentimiento de terror. La cara de Jorge. Terror mamá. Sentí terror, la infinita claridad en la sensación de estar llevando a cabo algo irreversible, una acción horrorosa que sería irreparable para todos. Y la cara de Jorge, mamá.
Llegó la gente y nosotros nos escondimos. A mi se me helaba la piel de solo pensar en el castigo de la ley. Prometimos no decir nada, nunca. Un pacto hicimos. Un consenso. Una oración de impunidad. Te digo todo esto, madre, porque no quiero que te lleves mentiras a la tumba. Eso podría complicar la muerte. Y no soy hombre de complicaciones. Así que ya está dicho. Los del incendio de tu fábrica fuimos nosotros mamá, tus hijos.
¿Cómo que donde sucedió? Acá mamá, en Córdoba. No qué Río Tercero mamá, acá, San Francisco, donde nací y donde te estás muriendo.
¿Podés creer que de ese día lo que más me quedaría no sería el fuego ni la vorágine ni la mentira sino un simple y previo olor? El olor de los restos de aserrín. Distinto al olor puro de la madera y distinto al olor de la madera incendiándose. Siempre se mantuvo esta pregunta en mí. Acorralándome por el el resto de mi infancia. ¿Cómo es que la esencia de algo cambiaba? Seguía siendo madera, solo había sido tocada por la sierra, y sin embargo su olor, su esencia cambiaba. Eso marcó mi rumbo mamá, y todo surgió un día que por fuerza mayor tuve que ocultar. Mientras más crecía esta pregunta más crecía la respuesta en mí. Seguiría los números, mamá, las cifras que no cambian ni se equivocan. Mi plan sería que las cosas fuesen iguales para todos. Siempre. Un peso un dolar. Un muerto un vivo. Un verano un invierno. Un caballo un tanque. Perdón, mamá, te estoy entorpeciendo la muerte. ¿Estás bien? ¿Precisas que te traiga algo? ¿Qué decís mamá? ¿Calor? Y cómo no vas a tener calor si hace un calor espantoso...
El calor de este lugar es tan preciso que no luce como los demás. Tiene un destello propio. Está impregnado de fantasmas, de estancamientos, de yuyo entre baldosas. De estúpidas y falsas ilusiones. Que no me vengan a decir que es culpa mía que este lugar no haya crecido. Y no me refiero a lo económico, eso está a la vista, sino a esa mirada en el rostro de varios, sino todos, que parece no querer seguir adelante. Como si toda esta gente no cerrara nunca los ojos, como si no se les estuviese permitido descansar, o simplemente no estuvieran preparados para eso. ¡Cada vez que vuelvo a esta ciudad me escupen palabras y preguntas como si yo fuese el Zar de la sabiduría! ¡El culpable de toda esta perdición! ¡Es ridículo pensar en una única persona la responsabilidad del aburrimiento de toda una ciudad! Acá en San Francisco construyeron mal las cosas entre todos, querida madre, y cuando digo todos me refiero a todos. Este no es infierno de único dueño, sino algo parecido a un verano entre amigos.
¡Ay Madre! ¡Me va a doler que te vayas! No siento dolor directo o confiable ahora, pero sé que cuando lo asimile todo lloraré lágrimas tamaño país, aquellas mismas que derramé esa fatídica semana, esos meses en los que me sentí tan acorralado y solo como cuando se incendió la fábrica. Porque yo lloré en esos días que tanto se parecieron a una tormenta. A una de las tormentas electricas que solemos tener acá.
Era negra la noche de esos días y todos se alejaban. La sombra de mi cuerpo navegando ese barco solo. Luchando a capa y espada contra una tormenta lúcida, infatigable. Las manos sobre el timón y nadie que me señalara el norte, madre mía. Montando un caballo oscuro y ciego. Llevando en la montura el espanto de todos. Todo eso que llaman gente.
Te voy a extrañar madre, cuando por fin termines de romperte y esta habitación haya cambiado su forma... No siento dolor firme y reparador ahora mismo, pero sé que cuando asimile todo esto lloraré mis lágrimas, lloraré lágrimas tamaño país, y sé también que no serán las suficientes...

(Se pone los auriculares, toma un trago de agua y se dedica a bailar lo que resta del tema. Tranquilo. Apagón.)

¨Tell me why¨ de Neil Young

Navegando a bordo de corazones-naves por puertos rotos
sobre las olas de la noche
aún el hidalgo buscador
debe montar el caballo oscuro ,
cabalgando solo con su espanto.

Dime, ¿por qué?
Dime, ¿por qué?
¿Es difícil llegar a un arreglo contigo mismo,
cuando eres lo suficientemente viejo para ser devuelto
y sin embargo lo bastante joven para que te puedas vender?

Dime mentiras luego,
ven a echarme un vistazo.
Estaré aquí por un rato.
Estoy solo pero tú puedes liberarme
Todo en la manera en que sonríes

Dime, ¿por qué?
Dime, ¿por qué?
¿Es difícil llegar a un arreglo contigo mismo,
cuando eres lo suficientemente viejo para ser devuelto


y sin embargo lo bastante joven para que te puedas vender?



Nacho Ciatti
Actor, autor, director. Formado en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático teniendo como maestros a Mauricio Kartun, Luis Cano, Roberto Castro y Ciro Zorzoli. Cursó Dirección cinematográfica en la FUC (Universidad del Cine). Realizó seminarios especiales con Stephen Natchmanovich, Bob Wilson, Augusto Boal, Frank Castorf, Martin Wutke, Phillip Glass, Lucrecia Martel (entre otros). Cursó Dramaturgia con Matías Feldman, Mauricio Kartun y Ariel Barchilón. En el año 2004 crea el grupo de investigación teatral EL ENSAMBLE ORGÁNICO (amalgamando videoarte, fotografía, música, danza y teatro). En el año 2012 recibe el premio TRINIDAD GUEVARA, Revelación Masculina, por su labor como autor/director del espectaculo ALEMANIA. En este mismo año es invitado como autor y director a la segunda edición del PROYECTO MANUAL creado por Matías Umpierrez y producido por el Centro Cultural Rojas (UBA), estrenando HIPNOSIS, ENREDADERAS, DESASTRES. Ha producido, escrito y dirigido más de 8 espectáculos teatrales, 3 cortometrajes y ha escrito 2 largometrajes (aún inéditos)

viernes, 11 de octubre de 2013

Algo en él, (Fragmento de obra) de Luz Lassizuk


I.
No hay luz. Se escucha una conversación a oscuras.

DAMIÁN: ¿Estás durmiendo?
MORA: Yo no. ¿Vos?
DAMIÁN: Tampoco.

Silencio.

DAMIÁN: Creía que sí pero después me di cuenta de que estaba pensando. ¿Tenés frío?
MORA: Un poco.
DAMIÁN: Acercate más. Ponete acá.
MORA: Estoy bien acá.
DAMIÁN: ¿Sabés en qué pensaba?
MORA: No…
DAMIÁN: El día que nos íbamos a pasar la tarde al río. Cuando cruzaste por el medio de la avenida corriendo para comprar algo que nos olvidábamos. ¿Qué era? ¿Una gaseosa?
MORA: Puede ser, una gaseosa, no sé…
DAMIÁN: Tenías puesto un saquito amarillo, de una lana suave y un pantalón violeta de bambula. Te pasaron los autos muy cerca. Y yo te veía de espaldas corriendo como si nada, como si flotaras entre todos los autos. Y ahí me vino una sensación terrible al cuerpo, como un temblor por adentro. Me di cuenta de que si te pasaba algo me iba a dar una tristeza que se no se me iba a ir nunca.
MORA: Damián, no empieces…
DAMIÁN: Después volviste a cruzar, con una sonrisa enorme y me diste un beso. Ni siquiera te imaginabas todo lo que yo había estado pensando mientras no estabas.  Nos subimos al tren y vos te sentaste al lado de la ventana.
MORA: Damián, por favor. Intentemos dormir, dale.
DAMIÁN: La luz del sol te iluminaba la cara. Mirabas el paisaje como una nena que se va de vacaciones y se sorprende de todo lo que aparece en el camino. Llegamos  al río y pasamos la  tarde mirando el agua…

Se prende la luz.  Se ve un sillón en el living de una casa después de una fiesta. Hay una mesa ratona con botellas semivacías y vasos de plástico usados, y una mesita con una lámpara pequeña. Al costado, del lado izquierdo de la escena, un sillón de un cuerpo. A la derecha una puerta ventana y al lado una silla con muchos abrigos apilados. Damián recostado, Mora en la punta derecha con la mano en el interruptor de la lámpara. Mora y Damián se quedan en silencio observándose un rato.

MORA: Desde que te conozco, creo que esto es lo más cursi de todo lo que me dijiste. ¿Vos te das cuenta de eso? ¿Vos te das cuenta de lo cursi que sos? ¿Vos realmente creés que eso a mí me puede seducir? ¿Vos te creés que la sensibilidad masculina seduce a las mujeres? Eso pasa en las películas, Damián, solo en las películas la chica se enamora del sensible y deja al otro. A mí no me pasa, no me va a pasar nunca.
DAMIÁN: Es lo que siento, Mora. No sé…te lo quise decir, que lo supieras. Me dijiste que no te grabe más cassettes, pero no me quiero guardar las cosas.
MORA: No hablemos de los cassettes. No puedo creer que sigas con eso. Es un sistema obsoleto Damián, ya no lo usa nadie.
DAMIÁN: Sí bueno, pero es algo lindo, como escribir una carta en papel, que ya no se hace y por eso es más lindo si hoy en día alguien…
MORA: Damián.
DAMIÁN: ¿Qué tiene? A mí esas cosas me gustan. Como las serenatas también que ya no se hacen, o también los paseos en mateos o…

Entra Leo y se queda en la puerta.

LEO: ¿Les molesta si me quedo acá? En el otro cuarto era muchos, prefiero quedarme con ustedes porque los dos me cayeron bien. 
DAMIÁN: Sí…pasá, acá hay un lugar. Nosotros íbamos a dormir un rato…
MORA: Hasta que se haga de día y después nos vamos.

Leo se acomoda en un sillón de un cuerpo, al costado de Mora, se tapa con su abrigo y se acomoda para dormir.

DAMIÁN: (a ella por lo bajo) A veces me haces sentir muy solo. No te reconozco a veces. Las cosas están cambiando. Yo estoy cambiando.
MORA: Damián, el quiere dormir y yo también. Lo hablamos en otro momento, ¿puede ser?

Mora extiende una mano para apagar la luz.

DAMIÁN: (en voz baja) No apagues.
MORA: Pero vamos a dormir...

Damián hace un gesto señalando a Leo. Mora mira a Leo que duerme, vuelve a mirarlo a Damián, se encoge de hombros. Damián vuelve a señalar a Leo con la cara. Damián se levanta y le indica a Mora que cambien de lugar en el sillón. Mora se niega. Damián insiste. Mora, con un gesto de hastío, se tapa con su abrigo, se recuesta sin cambiarse de lugar y cierra los ojos. Deja la luz prendida. Damián vuelve a sentarse en su lugar, se queda despierto y de brazos cruzados. Leo empieza a hacer sonidos con su boca mientras duerme. Mora y Damián lo escuchan, Mora abre los ojos. Los dos lo miran, se miran. Leo abre los ojos, Damián le ofrece algo para tomar. Él no acepta. Mora no puede dormir.

LEO: Yo una vez me peleé con una novia que tenía. Yo estaba enamorado, enamorado de verdad. La miraba y me parecía que no le podía encontrar ningún defecto. Era flaca, pelo castaño, ojos claros. Era inteligente, le gustaba leer, me leía cosas. Tres años después me la crucé. No me pasó nada. Y no sólo que no me pasó nada, me pregunté ¿qué era lo tan maravilloso que yo creía encontrar en ella antes? Y no sé, la verdad, no sé… Lo que quiero decir es que a veces eso pasa, que uno cree cosas que con el tiempo no son. Hoy vos pensás que si a ella le pasa algo la tristeza no se te va a ir más, y tal vez mañana le pasa algo y te da lo mismo…No sé… como poder puede pasar.
DAMIÁN: ¿Vos… estuviste escuchando toda la conversación?
LEO: Sí, se escucha todo. Lo de la visita al río, el tren, el temblor en el cuerpo...
DAMIÁN: (interrumpiendo, avergonzado) Sí, sí…
LEO: También eso de los cassettes…

Damián no responde. Mora le hace a Leo un gesto de negación con la cabeza sin que la vea Damián.

LEO: Vos sabés que yo una vez tuve una novia, no la de antes, otra. Que me escribía cartas todo el tiempo. Cartas de amor. Cartas de amor tal vez es normal, pero ella me escribía todos los días. Compraba papeles de carta de distintos colores y me escribía. Copiaba pedazos de canciones que le hacían acordar a mí, todo. Y yo me acuerdo que al principio las leía muchas veces, porque ella escribía bien. Y las leía y pensaba en ella.

Mientras escucha el relato, Damián sonríe y asiente. Mora lo observa a Leo con seriedad.

LEO: Y ya después de unos meses ni las abría. Las guardaba en un cajón y  las dejaba ahí.

A Damián se le desdibuja la sonrisa. Mora comienza a mostrarse interesada por el relato.

LEO: Y ella me preguntaba qué me habían parecido y como yo no sabía que decir le daba un beso. Y se ve que eso para ella era una respuesta porque después no me preguntaba más. Después al final ya ni las guardaba, las tiraba directo. ¿Terrible, no? Estuve como tres años con ella…

Damián con el seño fruncido mira a Mora. Mora lo mira y le sonríe despectivamente. Damián se levanta. Tiene una mano en su estómago y se masajea.

DAMIÁN: Voy al baño. Me voy a hacer un té también.
MORA: Bueno…
DAMIÁN: ¿Me querés acompañar?
MORA: …Ya estás grande, Damián. (Le sonríe a Leo)

Damián sale. Se quedan Leo  y Mora solos. Ella se recuesta en el sillón, cierra los ojos, se tapa con su abrigo e intenta dormir. No puede. Leo la mira.

MORA: (Con los ojos cerrados)  ¿Qué hacés?
LEO: ¿Qué?
MORA: ¿Me estás mirando?
LEO: (mirándola) No.

Silencio.

MORA: ¿Ahora? ¿Me estás mirando?
LEO: (mirándola) No.
MORA: Yo te ví mirándome esta noche.

Mora se incorpora y se acerca a él. Lo mira a los ojos.

MORA: ¿Por qué no nos vamos?
LEO: ¿A donde te querés ir? Es tarde, es de noche. No se puede.
MORA: No puedo dormir acá.

Leo saca unas cartas de pocker del bolsillo y empieza a hacer castillos con las cartas. Se desarman. Empieza de nuevo. Ella lo mira, a lo que hace, lo mira a él.

LEO: Es aburrido.
MORA: ¿Damián?
LEO: Sólo mirar es aburrido. Lo interesante es intentar hacerlo. Tratar de que no se te caigan. Bah…en realidad eso no es nada, lo interesante en realidad es cuando uno piensa para qué lo hace, si no sirve para nada. Si yo lograra usar todas las cartas del mazo y que esto no se me cayera, ¿qué? ¿Vos creés que me sentiría mejor por eso? ¿Cuánto tiempo? No sé si me entendés, lo interesante es justamente que parece que me interesa algo que no tiene nada de interesante.
MORA: Sí, no sé, puede ser…

Silencio largo. Incomodidad.

MORA: ¿Vos…viniste a la fiesta por Lucas?
LEO: Lucas…No.

Silencio.

MORA: ¿Y amigo de quién sos?

Leo no contesta. Se levanta y la mira parado al lado desde arriba. Se dirige hacia ella y se sienta en el sillón.

LEO: ¿Escuchaste lo que te graba en los cassettes?
MORA: ¿Damián? No sé, cosas. Es privado. No sé.
LEO: ¿Vos alguna vez te preguntaste que te pasaría a vos si él se muere?
MORA: ¿Qué?
LEO: Cuando él te dijo lo de que si te pasaba algo… quería decir si te morías, digo, yo me pregunto si vos alguna vez te preguntaste lo mismo pero de él.
MORA: …No...Creo que no. No.
LEO: Claro…
MORA: ¿Claro qué?

Él no contesta. Saca del bolsillo un frasquito de alcohol en gel. Se pone en las manos mirándola. Le ofrece.

LEO: ¿Querés?

Ella niega con la cabeza.  El extiende la mano. Deja caer el gel sobre Mora, que rápidamente pone su mano. Se juntan las manos, se tocan. Se miran. El empieza a frotar con fuerza la mano de ella. Ella se deja tocar las manos.

LEO: Sabés…
MORA: ¿Qué?
LEO: Siempre tengo un mazo.
MORA: (soltando las manos con brusquedad) ¡¿Qué?!
LEO: (sin sacarle la mirada de encima) Que siempre tengo un mazo, un mazo de cartas. Por las dudas. Hay veces que uno no sabe qué hacer, y sacás el mazo y se abre un abanico de posibilidades. Parece que no pero sí. Y no dependés del lugar porque con un mazo te adaptas a todo. (Pausa) Sé un truco. Si alguien me pide lo hago. Es conocido, es uno que se trata de un hotel, que van llegando las cartas que son como personas a las habitaciones…Y está el dueño del hotel. Y las cartas se van acomodando de a una. Y en un momento se larga a llover, vos tenés que ir contando la historia, eso es importante, la historia es el cincuenta por ciento del truco, y en un momento todas las cartas se van cambiando de habitación y a la mañana siguiente, en cada habitación, están las cartas del mismo palo. Ese es el truco. Si me lo pedís, te lo hago.

Mora se levanta de golpe. Camina hacia la ventana, nerviosa.

LEO: Te aburrís con Damián.
MORA: Yo no sé…vos disculpame, pero, yo ni siquiera te conozco, no sé quién sos. No sé por qué me estás haciendo preguntas tan íntimas.
LEO: Soy Leo. Vivo acá al lado. Vine a la fiesta igual que vos.
MORA: Perdón, ¡¡¿donde vivís?!!
LEO: …Acá… al lado.
MORA: ¿Y qué hacés acá? ¡¡¿Por qué no te vas a dormir a tu casa, qué estás esperando vos?!!
LEO: Claro…
MORA:¡¿Claro qué?!

 Damián  vuelve del baño. Trae una taza de té. Cuando entra registra algo raro del clima. Desde la puerta.

DAMIÁN: ¿Charlaban?
LEO: No.

 Leo desarma el castillo y guarda las cartas con violencia.

LEO: (a Mora) ¿Vos sabés lo que es sentirse sólo?
DAMIÁN: Es complejo… la soledad…
LEO: ¿Vos sentiste alguna vez esa sensación? ¿De que nunca en tu vida vas a encontrar a alguien con quien quieras estar y que quiera estar con vos? ¿Vos sabés lo que es eso? Por supuesto que no, porque vos lo tenés a él, que te aburre, que te parece cursi, que te molesta pero que por lo menos está y podés salir con él y hablar de cosas. ¿Por qué no me voy a dormir a mi casa?¡¡¡¿Por qué no me voy a dormir a mi casa me preguntás?!!! ¡¡¡¿¿Y yo soy el que hago preguntas íntimas sin  conocerte??!!!

Se corta la luz.

MORA: ¡Damián!
DAMIÁN: Acá estoy. Tranquilizate. ¿Alguien tiene? ¿Tenés fuego vos?
MORA: No, no.¡ Si no fumo, Damián! ¡Cómo voy a tener fuego!
DAMIÁN: Bueno, no sé, pensé que lo tenías vos.
MORA: No, no lo tengo. ¿Lo tenés o no?
DAMÍAN: A ver, acá  lo tengo.
MORA: Bueno, ¡prendelo de una vez!

Prende. La habitación se ilumina un poco. Leo no está. Miran. Se miran. Se quema. Apaga.

DAMIÁN: ¡¡Ay!! ¡Me quemé!
MORA: ¡Cómo que te quemaste, no podés hacer una cosa bien, Damián! ¡Yo no lo puedo creer!
DAMIÁN: Bueno, Mora, es un encendedor, se calienta el metal y…
MORA: ¡¿Sentiste eso?!
DAMIÁN: ¿Qué? ¿Qué cosa?
MORA: ¡Me pasó algo cerca!
DAMIÁN: ¿Qué cosa? ¿Dónde estás? ¿Mora?
MORA: ¡Acá!
DAMIÁN: ¿Escuchaste?
MORA: ¡No!¡¡¿ Qué?!!
DAMIÁN: A ver, esperá…

Los dos hacen silencio. Intentan escuchar en la oscuridad.

LEO: A lo mejor en la cocina hay velas.
MORA: ¡Damián, prendé el encendedor!
DAMIÁN: Es que está caliente…
MORA: Damián, ¡prendelo igual!

Prende. Leo no está.

MORA: Damián por Dios!

Corre hacia la puerta. El encendedor se apaga.

MORA: Vamos a buscar a alguien, dame la mano, ¡¿dónde estás?!
DAMIÁN: ¡Acá! ¡Vení para acá!
LEO: Los demás deben estar durmiendo porque si no ya alguien hubiera venido. Acá hay una vela. ¿Fuego tenés?

Damián prende. Leo lo mira con la vela en la mano. No se mueve. Se miran.

MORA: ¡¡Damián, prendé la vela, por Dios!!

Vuelve la luz. Los tres están parados y quietos.

LEO: Ya está amaneciendo.

Damián empieza a retroceder muy lentamente sin darles la espalda. Leo se dirige hacia la ventana, mira hacia afuera. Ella lo sigue con la mirada. Damián nota que sobre la mesita hay un castillo de cartas perfectamente armado. Se espanta. No dice nada. Ella camina mirando a Leo hacia el sillón. Se da cuenta de la cara de horror de Damián, ve el castillo.

MORA: ¡Damián, nos vamos!

Va hacia la puerta. Intenta abrir. No abre. Se desespera. Leo sigue mirando por la ventana. Mora forcejea con la puerta, no abre, lo mira a Damián.

MORA: ¡Damián!
LEO: (sin mirarlos) Está abierta.
DAMIÁN: ¿Qué?
LEO: Está abierta, fijate.

Damián se acerca despacio a la puerta. Gira la manija. Se abre. Ella llora. Lo miran.

MORA: (dirigiéndose con violencia hacia Leo, Damián la agarra de un brazo y la retiene) ¡¡¿Quién sos?!!

Leo se acerca hacia a ella tranquilo. Mora y Damián retroceden un poco. La luz empieza a bajar lentamente.

LEO: Ya está amaneciendo, ¿se van o se quedan?
MORA: ¡Nos vamos!

Mora sale rápidamente sin esperar a Damián. Damián no llega a reaccionar. Se quedan él y Leo solos. Leo le sonríe. Damián mira a la puerta por la que Mora se acaba de ir. Vuelve a mirarlo a Leo confundido. Todo queda a oscuras.

Se escuchan ruidos de pasos corriendo por un piso de madera. Pasos subiendo rápido por una escalera. Forcejeos de puertas que no se pueden abrir.
Silencio.



Luz Lassizuk (1981, Bueno Aires) es actriz, dramaturga, directora y docente. Se formó en actuación con Alejandro Catalán, Rafael Spregelburd y Mariana Obersztern y en dramaturgia con Mauricio Kartún y Ariel Barchilón. Sus últimas obras como autora y directora son Algo en él (presentada en el Festival El Porvenir, 2009 y estrenada oficialmente en Teatro Defensores de Bravard, 2012), y ZOOM (Festival Mudanzas, 2013). Es egresada de la carrera de Filosofía de la UBA. Actualmente cursa el último año de la Especialización docente en Educación por el Arte en el Instituto Vocacional de Arte "Manuel José Labardén" (IVA) y la Carrera de Dramaturgia en la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD). Desde 2009 coordina talleres de arte y creatividad.

Contacto: luzlassizuk@gmail.com  //  www.luzlassizuk.blogspot.com.ar